jueves, 3 de septiembre de 2015

Enciclopedismo ingenuo

leer
leer tanto como se pueda, como se deba
leer, saber y saber y saber
abrir la médula cerebral espinal,
y en los reconditos espacios
de bibliotecas universales
indagar enfermedades mentales
literaturas y sarampiones
escuchar de Sófocles mientres comes banana, al pasar
Borges y la justicia de los que están cambiando el mundo
leer, leer y leer
para al fin poder decir:
sólo sé que nada sé y nadie soy.

(nadie)

Los efectos y las causas ( lo cósmico- universal)

el azarozo ir de tus pasos
llego al azarozo venir de los míos,
en un vaivén de sinceridad
hablamos de la vida,
sin conocernos ni conocer
el msiterio del azar
azar te pregunto:
existe la casualidad?
toda la virtualidad
flotando en el fondo de la mar,
es sólo causalidad?
que estemos coincidiendo
en lo mágico de las palabras
y su creación de realidad
entonces, con una sonrisa
que respira aire de serranía,
me duermo entregada al
íntimo ritmo del mundo
y sus sueños de azar.

(unanaAtI)

miércoles, 2 de septiembre de 2015

inter- net

Conozco este lugar… ya he estado aquí.
solía encontrarte.
Podía verte, de alguna forma extraña, destellar entre tanto espacio en blanco.
Recuerdo el brillo en los ojos, el lagrimeo constante que me protegía de la luz.
Aun  retengo en mi la vaga sensación que tenía al hablarte, cuando gritando  palabras sordas al espacio en blanco obtenía una especie de tranquilidad suponiendo que alguna parte de vos, al ingresar aquí, podría “oír” pedacitos de mis palabras.
Me encuentro en el umbral y todavía no he dado un solo paso.
Respiro, reconozco, miro. Pienso detenidamente y con cuidado
Como he de moverme. Los pasos precisan soltura
pero la atención requiere atención.
No debe uno moverse aquí como dormido,
porque es un espacio vacío que ha de llenarse con el caminar.
Miro hacia adelante y no hay nada. Detrás, igual. Ni  a los costados.
Extraña dimensión. Muevo un poco el cuerpo sin moverme de lugar.
Se me ocurre bailar, pero sigo aun en el mismo punto.
Antes que nada quisiera poner un oído en el suelo, que es igual al cielo
y escuchar un poquito la vibración de esta amplia extensión,
que en este momento, es igual a la mía.
Escucháme - Me digo- Y escucho, en silencio, al silencio.
Reflexiono su mensaje y me dispongo a dar un paso.
Miro,  en vano, el punto en el que se apoyan mis pies, pensando en el regreso.
Y ya cuando la desesperación está subiendo, a través de mi cuerpo,
hasta el pensamiento que le dio origen,
me calmo, admitiendo que no existe posibilidad de reconocer un punto en el vacio.    x
Entonces me doy cuenta que he inventado una puerta para entrar en todo esto, y que ahora, o cuando quiera, debo crear otra para salir.
Las palabras como puertas, solas te atraen, solas te expulsan.
Te sumergen, te embeben, te tiñen, te pintan,
te dan temperatura,
acomodan tu postura, moldean tu cuerpo.
Y dan lugar a las sonrisas y a todos los gestos.
Y te mueven, te conmueven,  te arrastran  ...
dicen por vos, y te dejan decir por ellas.
(en estas circunstancias) Bien podría dejarme arrastrar
por las energías que corren,
como vientos,
por los circulados canales del sentido común.
Pero no, no me apatece.
aquello me lleva a escenarios donde lo que siento pelea con lo que percibo a través de los sentidos.
Además, me doy cuenta que adoro
encontrar espacios en blanco.
Aparecer y desaparecer
De la nada

30/03/10


la calle 27 esta cortada
el  colectivo acaba de frenar
una vieja se dio con uno de esos asientos plásticos al costado de la columna y
después con otro. Nadie dijo nada. Ella se levanto y recién ahí le preguntaron,
dos veces seguidas, si se encuentra bien. Si -dice- y mira al chofer de nuevo.
-Si- y vuelve a mirar con un poco mas de odio al chofer.
El colectivo pasa al ras del cordon
Porque, además, media calzada (la mitad de la calle) está rota, con vallas, en “reparacion”
La gente tiene que dar una paso atrás para no ser arrastrada por la bestia que pasa rápido, inclemente.
De pronto se detiene. Nunca estuve flotando tan cerca de la cabeza de alguien. Observo al viejo de afuera; su calvicie, su diálogo, su mugre. De repente el me siente, se detiene, y me clava la mirada. Yo me deslizo hasta su prójimo y no vuelvo a mirarlo nunca mas.
Sube mas gente y también un terrible hedor a mierda de caballo. Se me tuerce el gesto. Intento distraerme y me encuentro con un adolescente sonriendo; sus dientes son amarillos y pienso que todo el olor feo del mundo proviene de ahí.
Mi ventanilla esta abierta de par en par, es ámplia y me siento bien con ella.
En la plaza, uno de los tantos San Martín, sigue tieso en su caballo señalando algo y nadie le presta atención.
Un niño, en un coche, va con una pistola láser alumbrando lo que se le cruza. Un gordo lleno de botellas se le para al lado y espara para cruzar la calle, el láser toca sus plásticos.
Mas atrás una vieja es arrastrada, en una silla de ruedas, por ejemplares de su misma especie que aún pueden caminar. No sé que estará pensando, no se como se sentirá adentro de ese cuerpo. Parece su voluntad endurecida, como cuando al despertarnos del sueño no podemos movernos, y nos sentimos presos, agotados. Su pie caído bajo la apyadera , su rostro fijo mirando hacia abajo. Y la otra vieja que la va toqueteando, despreocupadamente,  mientras habla con su compinche que esta de pie, indecente.
El colectivo arranca. Un maleducado empuja su ventanilla, cerrando la mía; me quita plenitud y no le digo nada, ni siquiera, que acabamos de dejar atrás a un hombre henchido, con una biblia zaparrastrosa en la mano, hablando en contra de las drogas con tal pasión, que se me ocurre que está loco.
El enfermero que está al lado mio mira la agenda en que escribo, luego se me hecha encima y saluda a dos jóvenes que están abajo del colectivo alejándose en su quietud. El enfermero se va. Viene una rubia, tiene una curricula en la mano, tal vez quiera saber quien soy, me mira. la veo verme sin mirar. escribo. vos lees.

lunes, 31 de agosto de 2015

El ingeniero que se transformó en mariposa

Lentamente él posó su ojo color diamante sobre la cerradura de la puerta,
por ese minúsculo espacio vislumbró a su mujer besandose con su hermano,
la puerta, esa franja que los separaba, estaba cerrada con una llave que nunca encontraría,
la imagen inesperada y desasonada : terror: terror de si mismo y de los seres que
día a día lo rodeaban.
Humillado, desalmado y entristecido, salió a la calle,
en dónde miles de mariposas le guiñaban el ojo,
y le proponían disfrutar del olor de las flores.
Decidido a escaparse para no volver nunca jamás,
el ingeniero, quién toda su vida había sido como una cuenta matemática,
quizó provar el sabor de no tener razones, ni tiempos, ni anhelos,
él, afligido y jocoso, tomó la desición de saber qué significaba,
en un mundo gobernado por necios,
la libertad de ser.
Entonces, miró las flores, su esposa y su hermano ya no importaban,
entonces , acarició el sol,
y sus brazos alargados tomaron el impulso de volar,
empezar todo de nuevo una vez más,
sin arrepentimientos,
sin miedos ni imposiciones familiares,
abrió sus alas y comenzo a volar,
y bajo un cielo de esmeraldas metafóricas,
contempló hormiguitas con trajes que se daban la mano,
y se encerraban en jaulas frente a pantallasos de zinc.
Adónde iría? eso ya no era problema para un ser libre:
un ser que todo lo dejá por el solo hecho de querer probar
el gusto dulce de la soledad y la alegría franca de saber viajar eternamente.

(unperroresonante)