lunes, 30 de abril de 2018

Canciones del adiós...

"Poder decir adiós, es crecer".

Cristal, venía enferma de amor, y estaba tan herida,
como esa noche sangraba su alma.
Raúl la había observado desde adentro.
Esa noche,  ella sangraba por no entender la razón de la distancia con su hermana Numibia, la esplendorosa y bella bruja.
Fue el mar, quien con su reiterado  olear, a los tres calmó.
Arriba las estrellas, y al lado las historias que Raúl y Cristal se contaban, los juegos, la conexión, la  poesía, el sentir del sueño que en realidad él era, para ella.
Ella, siempre tan ida, tan perdida, tan en otro mundo, se sintió como nunca antes, por él, comprendida.
Se acompañaron mutuamente, sin saberlo,  y en una complicidad, callaron todo.
Numibia buceaba en el sueño de su estruendo interior, invitándonos a morir a las viejas ideas.
Mientras tanto,  Raúl y Cristal aprendían a caminar por la orilla, escuchando desde el fondo marino, el susurro de canciones, el cantar del tiempo.
Ella le confesó  que la vida siempre sigue, y que las cosas que se van no vuelven nunca... que en el mar la vida es más sabrosa, los límites se difuminan hacía un eterno horizonte inmortal.
Se perdieron un poco, reencontrándose en el  rallar yuca para el postre de navidad.                Cantaron una canción de esperanza en el amor, re-viviendolo en secretos, misterios indescifrables, actos.
Días después, él subiría a la sierra, ya nada volvería a ser como antes, en el pasar de las despedidas y los vientos.
Lo ajeno de la muerte se le iría develando, en el momento en el que dejará de ser ajeno.
El tiempo lo llevaría, años después,  a transcribir el cuento en un Planetario, donde, azarosamente, Cristal también descubriría las galaxias boreales , el camino para seguir curando.. Contemplando cómo las cosas que se van, a veces sí vuelven.
Quizás, una tarde de abril,  el viento los volviera a juntar, envueltos en lluvia de amor, mojando el silencio con gotitas de color.


https://www.youtube.com/watch?v=IVF6q-1XXws