Niña ojos de almendras,
castaño cabello de miel.
Naves vespertinas nacen de tu risa
como un rosado clavel.
Cierro los ojos
y la soledad nos encuentra
en un abrazo que reencanta
la tierra, su ritmo y tu ser.
Niña ojos de almendras,
castaño cabello de miel.
Naves vespertinas nacen de tu risa
como un rosado clavel.
Cierro los ojos
y la soledad nos encuentra
en un abrazo que reencanta
la tierra, su ritmo y tu ser.
Infinito aroma
dulce de tronco
ardiendo.
Serpiente de fuego
siendo mi aliento.
Así, junto al mate
y el sol
la felicidad brilla
como un brote eterno de naranja
omnipotente.
Si volviera a permanecer en el bosque
encontraría ese susurro de sol.
A través de sus colores viajaría en el tiempo
y, quizás, por un instante, sentiría libertad.
Margarita de cuatro pétalos
los rumbos del espiral dibujas.
Ciclos en tus alas regalas
como soles y lunas embelesadas.
Para reír
para llorar
para florecer
en cada renacer de tu beldad.
Que dice que sin buscar se encuentra.
Cuando más se abre el viento
sin insistir llega,
como el río
flota y es.
Eco de agua sobre ti,
rumor de un amor con cara de alelí.
Sintonías que se observan
tan lejanas
tan afín.
Mezcla de ser y no ser
en ojos negros y rubí.
Si volviera a permanecer en el bosque...
Cuando tu voz reverberó entre las olas,
cuando tu mirar se enterneció de cosquillas,
cuando las almas, juntas, en los días,
cuando ahora, vives tus alegrías,
cantas, como sueñas,
divinas melodías.
Fluorescente alegría del hogar
belleza
de aromas ávidos
de amor
que todo lo perfuma.
Nada más precioso que esta sensación,
fundirme con un bosque estrellado de pequeñas palabras
como llaves de puertas infinitas.
Noche de frescura azulada
llévame por tu silencio sideral
ayúdame a jugar con el tiempo
a conocerlo en la rotación de su cielo floreado.
Noche de profundo misterio,
tan fugaz, tan eterno.
Enormes almas desembarcan hacia islas misteriosas.
Una vida y muchas vidas confluyen como olas en el aire,
danzan y danzan con el océano al brillo del sol.
Por el camino más largo
desdibujé líneas de presurosas aves,
hacia el libre cauce de un río Paraná,
inmortal.
Dame una razón
para seguir creyendo.
Es tan incierto
el abismo que hoy siento.
En un mundo cada vez más necio,
encontraré la paz en tus brazos.